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La Guardia Nacional patrulla las calles de Nueva Orleans

El Universal  de México, GDA y EFE

Es conocida en todo el mundo por su despreocupada alegría, la exuberancia de sus carnavales y por ser la capital del jazz, pero Nueva Orleans es hoy la ciudad de la angustia, la desesperación, los saqueos, la muerte y el hambre.

Tras el devastador paso del huracán Katrina por los estados de Luisiana, Misisipi y Alabama, Nueva Orleans lleva cuatro días sumergida en hasta cinco metros de agua y los equipos de salvamento son incapaces de hacer frente a la monumental tarea de rescatar a unas 100 000 personas que siguen atrapadas en sus casas y en refugios improvisados.

El alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, hizo un “desesperado llamado de auxilio” al gobierno federal para ayudar a las personas que no han podido abandonar la ciudad.

La situación es especialmente crítica en el Superdome, el estadio techado de los Santos de Nueva Orleans, y en el Centro de Convenciones, donde decenas de miles de personas buscaron refugio huyendo de las inundaciones.

Pero el hambre, el agotamiento y la desesperación por la ayuda que sigue sin llegar han conducido a brotes de violencia e incluso a enfrentamientos con efectivos de la policía y la Guardia Nacional.

Las autoridades ordenaron la evacuación de ambas instalaciones, pero hasta ahora solo unas 3 000 personas fueron transportadas al Astrodome de Houston, a unos 500 kilómetros de distancia.

En las calles de la ciudad podían verse algunos cadáveres y las autoridades temen la propagación de epidemias antes de que los sobrevivientes puedan ser evacuados. “Este es un desesperado llamado de auxilio.
No tenemos más recursos en el Centro de Convenciones y no tenemos suficientes autobuses”, dijo Nagin en declaraciones a la cadena de televisión CNN. El alcalde había advertido el miércoles que la cifra de muertos en Nueva Orleans se contaría por cientos “y quizá por miles”.

Tonisha Jainor, una mujer  de 52 años, explicó que abandonó su casa cuando el nivel de las aguas comenzó a subir y que pasó la noche del lunes encima de un puente antes de refugiarse en el Centro de Convenciones, donde por los menos cinco personas murieron y sus cuerpos estaban cubiertos con sábanas junto a una pared.
“Estamos hacinados aquí como animales. Necesitamos ayuda y la necesitamos ya. No puedo creer que todo mundo ayudó a las víctimas del tsunami el año pasado y a nosotros nadie nos ayuda”.

Mientras tanto ayer por  la tarde se confirmó que al menos una persona murió y varias resultaron heridas de consideración  en el accidente de uno de los autobuses que trasladan a los refugiados en el estadio
Superdome de Nueva Orleans. El diario The Daily World  informa en su página de Internet  que al menos 10 personas fueron ingresadas en los hospitales más cercanos, varias de ellas en estado grave.

El accidente se produjo, según el diario, en la carretera 49, a la altura de la localidad de Opelousas (Luisiana), donde se han trasladado ya varias ambulancias para socorrer a los ocupantes del vehículo.

Según un portavoz de la policía local, el conductor del autobús perdió el control por razones aún desconocidas.

En cambio en la ciudad, la devastación es total en el centro de la urbe. A pesar de los esfuerzos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército por reparar los diques que contienen las aguas del lago Pontchartrain, el agua continúa fluyendo hacia la ciudad. 

En la histórica calle de Canal Street, que ahora es un auténtico canal, grupos de jóvenes cruzan las aguas de un metro de profundidad saqueando los comercios que encuentran a su paso, llevándose desde artículos electrónicos hasta medicamentos y comestibles.

En el estado de Misisipi, donde el huracán tocó tierra el lunes, las autoridades confirmaron ya 185 muertos, en su mayoría en el poblado costero de Biloxi. En Alabama, grandes sectores de la ciudad de Mobile están sin energía eléctrica ni servicio telefónico, mientras las personas hacen filas de hasta tres horas para llenar los tanques de sus vehículos.

Según estimaciones de las autoridades y de las compañías de seguros, el huracán Katrina podría convertirse en el desastre natural más costoso en la historia de Estados Unidos, superando al huracán Andrew, que azotó el sur de la Florida en 1992.

El presidente George W. Bush, que el miércoles sobrevoló la zona afectada en su regreso a Washington después de suspender sus vacaciones en Texas, hizo un llamado para restaurar el orden y afirmó que “debe haber cero tolerancia” con quienes infrinjan la ley.

Aunque las autoridades estatales y federales han ordenado el despliegue de  30 000 efectivos de la Guardia Nacional y la policía militar, su presencia solo es claramente visible en el aeropuerto internacional de Nueva Orleans.

En lugar de la música del saxofón, el bajo o el tradicional banjo, solo se escucha el ulular de las sirenas, el llanto de los niños y el continuo sobrevuelo de helicópteros. Nueva Orleans es hoy la ciudad de la tristeza y pasarán meses, o quizá años, antes de que pueda recuperar su sonrisa.


La asistencia:

Las críticas
El Alcalde de Nueva Orleans se mantiene en su ciudad. Criticó a la administración de Bush por la demora en la entrega de ayuda.

Las aprobaciones
El Congreso aprobó aceleradamente una partida de 10 500 millones de dólares para asistir a las víctimas; Bush dice que se trata de la campaña de ayuda más grande en la historia del país.

La ayuda internacional
26 países deciden ayudar a que Estados Unidos distribuya dos millones de barriles de petróleo diarios de su reserva estratégica. Mientras otros países ya enviaron alimentos.


 

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